Cada día, en punto de las 3:40 pm debo salir volando. Me cierran el banco a las 4 y como todo buen ciudadano debo asistir diario y fielmente al templo donde dejo parte de mi quincena a favor de las chivitas que compré hace una semana.
Nunca pasa nada. Uno que otro trailero desgraciado, taxista acróbata y dos que tres peatones suicidas que se cruzan justo por debajo del puente, es que da flojera jóven y si me subo llego más tarde.
El semáforo. Junto a mi, una pareja: él de mediana estatura, gorra oscura, mezclilla vieja y playera de Transmetal. Ella chaparrita, morenaza y cabello recojido; expresión ruda pero ojos brillantes. Coversan.
-A ver, dime Pepe ¿qué vamos a hacer?
-¿Hacer de qué?
Voltea para todas partes con los ojos desorbitados, se nota que comienza a escurrir un ligero sudor y fija la vista por un segundo en el camión cervecero del otro lado de la avenida. Casi se da cuenta que lo miro pero regresa su atención a la muchacha.
-No te hagas Pepe, lo hablamos ayer y antier y la semana pasada. Dijiste que sabías qué hacer. Dímelo.
Más sudor, él contesta.
-Es que... ahmm... ¿qué vamos a hacer, verdad?
Los ojos arden, se ponen rojos. Un pie toca el suelo con fuerza y las manos revolotean discretamente.
-Por favor, no te hagas. ¿Ya pensaste qué haremos?
Este semáforo dura eternamente, por más que pongo atención a la luz se me hace que agarra más tiempo. ¿Qué hora es? ya mero cierran, qué espera esta cosa para cambiar...
Silencio. Mirada perdida. Fuera gorra. Ella le agarra la mano y se pone frente a su vista. Adiós amabilidad.
- Pepe, ¿qué vamos a hacer, HIJO DE TU PINCHE MADRE? Dimelo ya, ¡que estoy EMBARAZADA!
Su rostro está rojizo. El de él, blanco. Su playera ya no da miedo.
La luz cambia, corro y no volteo.
O.R
Inspirado en una anécdota del buen amigo Javier
Inspirado en una anécdota del buen amigo Javier
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